SOLA CON MIS CALCETINES 🧦...


 Empecé a mudar el gusto por el   invierno...

Tendiendo en la buhardilla se desató una tormenta de lluvia y granizo de tal virulencia que por momentos pensé que el tejado podía ceder.

Mientras tanto, en la planta de abajo, Bongo se desgañitaba entre ladridos...

En cualquier otra época de mi vida, este panorama me hubiera resultado atronador, sin embargo; en esta ocasión, sentí la necesidad de comenzar a respirar de forma consciente; intuitivamente fui cerrando los ojos y fruto de esa plenitud reconocí de nuevo la esencia genuina de mi alma.

Instantes después volví a ofuscarme en la inacabable tarea de búsqueda de pareja de calcetines, quedando la misma de nuevo interrumpida ante la intensificación de aquel inesperado aguacero. Observé entonces el tragaluz y de repente dejé de ver una ventana para pasar a ver un río navegable.

Continué buscando calcetines, había muchos, la mayoría negros, de todos los tamaños y formas, pensé en lo difícil que era encontrar su pareja, vamos; cómo la vida misma!

Comencé a reír sola, con ese punto de locura que tanto bien me había hecho siempre, disfrutando de mi propia compañía, sin prisas, sin tiempos ni juicios; solo yo y mis calcetines...

Nunca me gustó el invierno, tenía por norma decir que el frío me atenazaba y hasta me paralizaba el pensamiento; y lo peor es que era verdad!

En este estado tan poco frecuente en mí, encontré algo que sí me resultó perturbador, y fue que por primera vez en mi vida, lejos de sentir nostalgia por la finalización del verano, tuve una sensación difícil de describir que estaba entre la pereza y la saturación. Algo está cambiando en mí, algo que quizá podría ser percibido como quietud o serenidad, algo que me aporta paz y que a la vez hace que me reconcilie con el tiempo presente...

La proximidad del invierno me pareció una idea extraordinaria, visualicé mi anhelada chimenea de leña con sus troncos de encina ardiendo, pensé que ya era hora de concederme ese capricho; recordé mi manta suave de algodón de bebé, tan amorosa; me imaginé cómoda con mi coleta, mis gafas, sin artificios, sin nada. Era una sensación tan apetecible que de haber podido, me hubiera gustado saltarme el otoño!

Las tres cuerdas de tender estaban abarrotadas de ropa, me disponía a bajar cuando vi caer al suelo dos calcetines, volví sobre mis pasos a colocarlos y fue en ese momento cuando después de muchos años, me hice consciente de que volvía a ser capaz de sentir dentro de mí, esa sensación de paz de hogar.

Creo que me hago mayor, y eso, está muy bien!




 




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