GRITO.
Elevada la montaña, ascendiendo hasta la cima, por un instante soñé, que al cielo pertenecía... Inhalé el aire fresco, fui llenándome de vida, fue creciendo la esperanza, fue muriendo la desidia, fue latiendo el corazón, fue cesando la apatía, y queriendo la razón contarme muchas mentiras... Y bebí de aquellas aguas, volando engrandecida, e imaginé que estabas entre las verdes colinas, y grité entre sollozos y nada me respondías envolviéndome un silencio que me rasgó hasta las tripas; y un mordisco feroz sentí en el alma mía, y el aire se hizo denso, tragar yo ya no podía ante aquellas nubes negras llenas de melancolía... Y exhalando un cruel suspiro, que se escuchó en demasía, las puertas del mismo infierno de par en par se ofrecían; apagándose mis ojos, cansados de la agonía...