LA CUENTA ATRÁS.
LA CUENTA ATRÁS .
No termino de acostumbrarme. Han pasado ya diez largos años y siempre que se aproxima este día, me invade el mismo nerviosismo adolescente, juguetón y a la vez algo travieso, casi eléctrico, que me crea una impaciencia inexplicable, me revitaliza y ayuda a afrontar la cuenta atrás de un nuevo año.
Ayer estuve entretenida, primero fueron pasos, pasos firmes, pasos ligeros, tambaleantes, algunos casi imperceptibles, ¡esos eran mis favoritos!, si pudiera, iría siempre detrás de aquellos pasos, ahora sé que ellos son la huella correcta.
Después fue el sonido del agua, imaginé que caía limpia, abundante, cálida, casi bendita...
A continuación, comencé a sentir los miles de aromas entrelazados que parecían disputarse el predominio, ignorando que cada uno de ellos por separado, resultaba igual de necesario.
Los olores, pensé, qué importantes son los olores, especialmente aquellos que nos acompañaron en nuestra infancia; la mía estuvo marcada por un lilo, que todavía hoy, me hace suspirar...
¡Qué día el de ayer!, ya es recuerdo, más siempre será recuerdo eterno...
Hoy, por fin, es el gran día, toca ponerse de gala; ayer limpiaron mi foto, aquella que me hicieron en mi último viaje a México, motivo por el cual estoy hoy aquí. En honor a la verdad, diré que nunca fue mi favorita, pero la eligieron al considerar que salía muy natural y con aquel gesto tan característico...
No me encanta, pero tampoco me quejo, a través de esos ojos que un día fueron, continúo viendo pasar la vida, y eso, en las actuales circunstancias, es más que suficiente...
Siento que la maldita humedad que me destroza a diario, aminora; empiezo a notar cada vez más latente el mariposeo descrito; se aproximan pasos, pero éstos los conozco, son los pasos de los míos, son mis pasos...
Subo impaciente, casi ansiosa, los dos metros que me separan de aquella foto, a través de sus ojos empiezo a percibir algunas imágenes. Los nervios se apoderan de mí; alguien se acerca y me besa, caen sus lágrimas sobre mis ojos, convirtiendo mi muerte en vida; siento sus labios y pienso...cómo has crecido, cómo ha pasado la vida por tus manos...
¡No te alejes!, grito desesperada, de inmediato, vuelve sobre sus pasos y me acaricia, rozando mi cara con aquella flor capaz de embriagarme el alma para siempre...
Un nudo feroz me ahoga, no hay nada que perder, de alguna manera es emocionante poder sentir una sensación tan sumamente mundana.
Hablamos a nuestra manera, siempre hay lágrimas. Al principio sabían amargas, pero con el paso de los años, han ido endulzando su sabor...
Finalmente deja a los pies de mi cama una alfombra de lilas, cuyo aroma se impone de forma contundente y se extenderá a lo largo de las distintas estaciones.
La despedida es siempre un sentido beso. Beso que me encoge el alma, me recompone por dentro, une de nuevo mis huesos, dando sentido a mi muerte.
Entre sollozos se aleja, la vida le espera...
Mientras tanto yo, permanezco inerte en mi cama pétrea, envuelta eso sí, en aroma de lilo infantil.
El día ha sido largo, ahora toca seguir durmiendo, soñando, sabiendo que al despertar, quedará un día menos para volver a vestirme de gala.
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