EL TIEMPO.
EL TIEMPO.
Duele el tiempo, cuando vuela,
cuando seca la garganta
y pasa efímero, altanero ante nosotros.
Soberbio y erguido nos observa y recuerda
¡cuán insignificantes somos!...
en las que logra humillarnos
ganándonos la batalla del recuerdo,
consiguiendo borrar de nuestra mente
aquellos rostros, que un día fueron nuestros,
tan nuestros...
Duele, duele hondo...
En ocasiones me dirijo a él firmemente,
y en un halo de osadía, le recito ocho versos,
siempre ocho, siempre los mismos, siempre éstos:
No te tengo rencor,
ese es tu cometido,
como el del sol, la luz;
como el mío, la vida;
no te tengo rencor,
porque tú eres suspiro
y yo soy la razón
de toda tu mentira...
No recapacitará, lo sé,
cada palabra caerá en el más profundo vacío;
pero a veces, solo a veces,
a mí me sirve de terapia.

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